miércoles, 27 de enero de 2016

SERIE – ESCRIBIENDO ‘FLOR DE CANELA’: Cómo surgieron los elemento de la historia


Ya he contado en posts previos que descubrí la convocatoria para el 2º Concurso Literario de Autores Indies organizado por la Tienda Kindle de Amazon, cuando a este le faltaba un mes para finalizar.

He descrito también que escribí Diamante Ajedrez mi primera y única novela hasta el momento 29 años atrás y que dicho escrito nunca se publicó y siempre mantuve la intención inconclusa de revisarla o reescribirla.

El concurso en puerta revivió en mí el deseo de tomar de nuevo el tema de Diamante Ajedrez. No obstante esa historia de ciencia ficción que en la adolescencia me pareció atractiva, adolecía de graves fallas en los personajes, en el diseño de los ambientes, en la estructura de trama y le sobraban demasiadas hojas, entre otros muchos defectos que le encontré.

La historia sin embargo mantenía un tema que para mí fue central en aquel entonces y lo seguía siendo ahora: la idea de portales abiertos a otras dimensiones.

En la narración de Diamante Ajedrez el tema del paso a otra dimensión lo solucioné “haciendo” atravesar al protagonista por un agujero negro viajando en una nave espacial a la velocidad de la luz. Pero en este momento de mi vida tenía demasiadas limitaciones “científicas” para poder justificar un escenario de ese tipo.

Además de eso no me sentía ya motivado para escribir ciencia ficción, demasiadas explicaciones a mi parecer. Pero el portal, ese seguía en mi cabeza. La idea cambiar los cuerpos, la materia, en el tiempo y en el espacio siempre me fascinó. Recuerdo imaginar una compuerta que se abría debajo de mi cama cuando era pequeño por supuesto cuando los adultos no estaban presentes, en la cual mi hermano y yo descendíamos a un universo paralelo lleno de juguetes. No recuerdo si de dulces también pero sí todos los juguetes imaginables, dispuestos en anaqueles interminables. Nunca me detuve a indagar de donde podría haber provenido la luz que llenaba el espacio con colores claros y brillantes pero no era un lugar subterráneo en ninguna forma.

Decidí no revisar Diamante Ajedrez. No para este concurso, no todavía. Pero tomé el tema de los portales como una de las piezas del rompecabezas que estaba por armar.

Dicen que uno escribe en gran parte lo que vive y que los personajes protagónicos o antagónicos y también los secundarios, nacen de nuestra personalidad, seamos conscientes de sus rasgos o no. En la gran poción que comenzaba a cocinarse en el caldero de mi mente, fueron cayendo además de los portales provenientes de Diamante Ajedrez experiencias que había vivido en mi pasado próximo.

Primero los lugares, aquellos que amo. No todos y no en orden: Pátzcuaro, Michoacán, México; Boston, Massachusetts y París, Francia.
Luego yo a mitad del camino, mi pretexto: el poco tiempo que tenía para escribir. Supongo que en realidad es que aún no me desteto de mi mismo. Creo que los escritores maduros lo han hecho ya, al menos lo saben hacer y pueden desprenderse y ver a otro desde lejos o desde cerca pero como un tercero, un ojo visor que no se involucra, alguien que toma la personalidad del prójimo y la somete a la disección bajo el microscopio de la imaginación literaria. Quizás esos escritores, los profesionales regresen de cuando en cuando a sí mismos pero tienen la habilidad para desdoblarse, para penetrar en la mente y el cuerpo de los demás y a veces inclusive para desarrollar el don de la ubicuidad.

No es aun mi caso.

Soy médico y debería – o se supone que debería – entender al ser humano mejor que otras personas. Pero soy mas bioquímico que clínico creo y tiendo a descomponer en partes en lugar de integrar en sistemas. Tengo la esperanza de mejorar con el tiempo pero por ahora, los personajes aun los hago de plastilina como en el kinder. Tienen una bola que representa las cabeza, un cilindro para el cuerpo y cuatro palitos para los miembros. Hablan poco, les cuesta trabajo armar frases largas y definitivamente aún no dialogan.

Si los exprimiera la bola de la cabeza quizás extraería uno o dos pensamientos profundos, pero las charlas que mas se disfrutan al leer son las de café, los pensamientos profundos están bien para los filósofos y a mi me gustaría que me leyeran como novelista. Demasiadas pretensiones.

Por lo tanto el monigotito que me sale mejor soy yo mismo. Y cuando me veo de lejos me choca un poco el parecer narcisista o egocentrista, pero creo que también tengo cosas interesantes que contar por lo que tomé prestadas varias de las experiencias de mi vida para ponérselas al personaje principal. Al final se parecería un poco a mí, pero podría comenzar a desprenderme si lo describía como alguien mas.

A ese personaje lo construí con aquellos rasgos me resultaban mas familiares. Era mi hijo y a los hijos voluntaria o involuntariamente los esculpimos a nuestra imagen y semejanza.

Este hijo viviría la experiencia de los portales, en los sitios que mencioné. Además la historia era la oportunidad para hablar de mis controversias, las dualidades que me parecen tan interesantes y las cuales disfruto. Ciencia y religión, judíos y cristianos, cultura provincial mexicana y Nueva Inglaterra. Y como colofón un tema que ya he mencionado, la música como una muletilla que me acompaña. Tal vez como un deseo reprimido de mi cerebro por aprenderla.

Quizás eran demasiados elementos, quizás muy disonantes, quizás muy difíciles de combinar. Pero me habían entusiasmado y comenzaban a engranarse como piezas de un mecano.

En el siguiente número describiré como fui decidiendo cada uno de los temas que incorporé a mi maqueta para escribir una historia.