viernes, 29 de enero de 2016

Verborrea. Ejercicios


Según el consejo del experto solo debería seguir el impulso de sentarse a escribir y escribir con la finalidad de llegar a un cuento extraordinario, no necesitaba corregir solo dejarse llevar, la edición la haría al final del escrito pero mientras tanto el ejercicio debería ser solo el de teclear, teclear y teclear,  cada vez con mas vigor con mas energía, no golpear las teclas por hacerlo sino adoptar un ritmo casi mágico como bailando, respirando en las teclas,  transpirando las ideas no solo sobre la máquina, sino a través de sus dedos, de las puntas de sus pulpejos invocando los pensamientos mas alocados y encubiertos de su alma, aquellos que una vez a flote generarían inclusive escalofríos a el mismo y a sus lectores, porque a pesar de querer mantener la conciencia en este ejercicio, la velocidad de la escritura dejaría exhalar los matices mas recónditos e inexplorados del inconsciente, aquellos que verdaderamente brindarían placeres y estremecimientos psicológicos.
Un cuento de ciencia ficción, o de terror o de enigmas tal vez, sin embargo no algo que fuera convencional, romántico, comercial o trivial esto podría ser tomado como una vulgaridad y una vulgaridad no tendría valor ante un editor, ante los lectores, pero sobre todo ante si mismo. La idea era generar un escrito que resultara valioso por fuera y por dentro, que fuera bello en cada textura de las palabras, que tomarlo produjera un éxtasis al verlo convertido en libro,  el encuadernamiento perfecto, las pastas suaves o duras pero hechas por una editorial formal. Algo que denotara el esfuerzo de haber sido revisado, analizado, y aprobado por terceros, no importando que el editor o la editorial no fuesen grandes o famosos, pero que significara un compromiso al aceptar por válido un texto procedente de un extraño, una prosa digna de generar sentimientos álgidos, cualesquiera que estos fueran…